Mi Primer Dogging
He cambiado algunas cosas de este relato ante la posible coincidencia de que uno de ustedes, pueda haber estado en la misma fiesta. Obviamente esto paso hace ya bastante ratico, pero igual es prudente omitir algunos detalles que no vienen al caso, solo quería desbloquear este recuerdo que definitivamente es uno de los que marco mis inicios en el dogging.
Domingo, eso lo recuerdo.
Mi casa se sentía algo especial, mis papás se levantaron muy temprano, en la familia hace mucho no se vivía un matrimonio y todos estaban emocionados con la idea de ponerse sus mejores pintas y amanecerse con la orquesta de turno y los familiares que venían de exterior. Para mí la idea de matrimonio siempre me ha parecido absurda, No entiendo por qué alguien querría amarrarse a otra persona toda la vida, pero me imagino que eso hace el amor.
No alcanzaba la mayoría de edad aun y aunque tenía novio en ese momento, no me motivaba a formalizar la relación, no sentía ese click, esa chispa que dicen que a uno lo emboba y lo hace actuar de forma estúpida.
Mi familia es un poco chapada a la antigua, protocolaria, llena tradiciones y con un apellido conocido en la ciudad, resultado del trabajo de mis abuelos que lograron amasar un buen nombre en la ciudad con las relaciones entre las familias más pudientes de la región.
Y años después aquí estoy yo, tratando de meterme en un vestido que me aprieta un poco, ansiosa porque desde hace mucho no tenía una fiesta tan grande y por conocer a una parte de la familia que venía desde Alemania y del que solo tengo un recuerdo jugando en una piscina a los 5 años.
- Manuela, llego Jhony, ven a ver qué es lo te vamos a hacer en ese pelo, que Camilo te vea hoy como una princesa. Decía mi mamá impaciente asomándose a la puerta de mi habitación.
Y claro, Camilo, el “novio” que para ese entonces cumplía con todas las expectativas de mis padres para tener una relación presentable a la sociedad. No puedo negar que Camilo era el chico lindo del colegio, que llamaba la atención de todas las niñas y que era el orgullo de todos por ser el capitán del el equipo de voleibol, pero desde muy temprano aprendí a identificar que la belleza es directamente proporcional a la inteligencia y no quiero decir que fuera bruto pero no sé, muy lindo y todo pero no conectaba conmigo. Aun así, me gustaba, me divertía.
Llego el momento de la boda, un desfile de carros se dirigía hacia la iglesia La Merced en Cali, parecía el evento del año. Policía, cámaras, medios, el gentío era impresionante.
Nuestra silla estaba reservada, que casualidad, al lado de Camilo y ¡su familia, por Dios! No puedo negar que se veía muy bien en su traje gris pero creo que no me impacto tanto como lo hice yo, me miraba de pies a cabeza, me detallaba y su rostro se sonrojo.
- Manu, estas… divina. Y no dejaba de mirarme, sobre todo el escote.
Me sentí un poco intimidada pero no estuvo mal, solo no pensaba causar ese efecto, para mí era otro vestido más.
Todo transcurrió según lo tradicional, aplausos, la entrada de la novia, llorada, el beso, el arroz y los globos a la salida y listo, ahora todos al club. Una orquesta sensacional nos esperaba y decían que había un artista sorpresa que llegaría directo desde Miami para cantarle a los novios.
Como es normal, no había probado aun el trago y aunque no me llama la atención, lo máximo que había probado era unos cuantos vinos cuando estábamos en la familia. Me hacían sentir un poco mareada y un poco excitada pero nunca le pare bolas.
Luego de la cena, me senté en una de las mesas de atrás del salón, los tacones me estaban matando y Camilo llego con un coctel muy llamativo, se veía más como un postre que como un trago.
- Mira esto que están haciendo en la barra, se llama Dakota y es una mezcla de vodka, esencia de frutas y otro par de cosas que no recuerdo, bonito, no?. Camilo parecía niño pequeño con un helado
Lo probé y la verdad es que sabía delicioso, el sabor del trago ni se sentía.
15 minutos después, sentía un calor que iba desde mi cabeza hasta la punta de mis pies, sentía que mi cara estaba ardiendo, el traje me empezaba a tallar y mis muslos empezaban a sudar. Camilo seguía a mi lado viendo su celular. Mi mirada se enfocaba en la gente que bailaba, en los grupos de las mesas, en la orquesta, en los meseros…
- Dios, ¿quien es ese mesero? Pensé
Un tipo “normal” nada atlético, solo me pareció lindo verlo tan trabajador y pasando de un lado al otro. Mi mente empezó a imaginar cosas, que se las atribuí al coctel. No sé qué rayos tenía esa bebida pero por un momento sentí y que mis pantis se mojaban, quería tocarme pero el vestido era bastante largo, así que me quedaba un poco difícil subirlo y tocarme para saber si era que estaba mojada o me había llegado la menstruación, aunque era improbable porque tan solo hace una semana se me había quitado.
- Camí, acompáñame al baño.
- ¿Te sientes bien?
- Si, solo quiero aflojarme un poco este vestido
Fuimos al baño, él se quedó afuera esperando mientras yo verificaba que pasaba. Me encerré, subí mi vestido y efectivamente, estaba mojada. Mi vagina tenía un flujo solo comparable como cuando me estoy masturbando. ¿Pero que la había puesto así?, ¿Acaso era el trago?... o acaso ¿seria ver al mesero?... Dios, ¡el mesero! Ese mesero feo, nada atractivo?. Inmediatamente mi vagina se estremeció.
Las tazas de los baños del club de tenis son grandes, amplias y siempre están muy limpias. Me senté, puse mis nalgas lo más que pude hacia atrás y abrí mis piernas sosteniendo un pie sobre el borde de la taza y el otro sobre la pared lateral.
Volví a tocar mis pantis y si, estaban muy húmedos. Me pase la mano por encima y luego me olí la mano para verificar que era el flujo de la excitación y no orina. Nada que hacer, era flujo y seguía saliendo.
Me moví el panty hacia un lado y mi vagina afloro como respirando y buscando si venia un pene en camino, yo solo quería vérmela. La toque por encima, se estremeció. Me puse en posición de darme dedo, cuando…
- Manu, ¿estas bien?. Era Camilo! Olvide que estaba esperándome.
Me quite mi panty, lo metí a mi cartera de mano, me acomode un poco y salí rápidamente del baño.
- Hola, sí, estoy bien, solo que el coctel me hizo dar calor, pero ya!
Si solo supiera que mi vagina estaba al aire libre y gritaba por un pene, que se rozaba con cada paso que daba y que al parecer toda la noche me iba a torturar, al menos hasta que la masturbara.
Volvimos a la mesa, trate de mantener mi mente en la orquesta, tarareando las canciones y a la espera de que llegara el gran artista prometido.
Otra vez el mesero pasa por el frente de nuestra mesa, llevaba un trago de whisky en la bandeja, desvía su camino y se dirige hacia nosotros.
- Maldita sea, pensé! Porque este tipo viene hacia acá?
Mi vagina se empezó a abrir, la imagen de una perra en celo se vino a mi cabeza, sentía como mi flujo empezaba a salir. Los muslos me cosquilleaban y se contraían como un calambre que llegaba hasta la parte externa de mis labios vaginales. Pequeños corrientazos estremecían mi cuerpo y yo solo trataba de disimularlo.
- Buenas noches, desean que les traiga otro de los mismos cocteles?
- Siii!, conteste rápidamente
- No, dijo Camilo al tiempo. Pero mi respuesta había sido un poco más larga y fuerte por lo que el mesero solo nos dijo que en un momento nos los traía.
Me sentía muy caliente, Camilo estaba a mi lado derecho y yo quería quitarme los tacones, así que me incline sobre mi lado izquierdo y me sostuve en él. Ese vicio que tenemos las mujeres de tratarnos de sostener de algo cuando nos vamos a quitar un zapato.
Me agarre de su muslo y mientras me lo quitaba sentí un mareo, pensé que me resbalaría de la silla y estire un poco más mi mano para agarrarme de Camilo. Mi mano se fue directamente hacia su pene, pude percibir que tenía bóxer porque su “cosa” colgaba libremente por el pantalón.
- Ay, me caigo!
- Manu, estas bien?... Augh!.. dijo Camilo mientras me agarraba de su pene
- Si, estoy bien, solo fue un mareo pero ya se me está quitando. Pero yo no soltaba su pene
Puso su mano en mi espalda mientras yo cerraba los ojos tratando de sentir ese pene por dentro de su pantalón. Vale aclarar que no habíamos tenido relaciones nunca.
- Respira profundo y sostén un poco la respiración, me indico pero yo no soltaba su pene.
Yo seguía con los ojos cerrados haciéndome la boba. Inconscientemente empecé a aflojar y apretar su pene. Hubo un silencio. Ninguno decía nada. Seguí apretando, ahora más duro y tratando de percibir la cabeza de su pene. Lentamente fui testigo de cómo se le empezó a engordar, ya me costaba trabajo apretarlo más. Se le puso duro como una roca.
Abrí mis ojos y efectivamente se le notaba por el pantalón. Yo le hacía más duro por encima y él se retorcía. No decía nada, solo miraba la orquesta.
Mi vagina ahora tenía vida propia y se movía con ayuda de mis piernas que se frotaban. Apretaba mi panochita con los muslos lo más que podía, al mismo tiempo que con mi mano apretaba el pene de Camilo.
- Manu, que haces?.. me tienes mal
- Sácatelo ya y tapate con el mantel
- Noo y si nos ven?
- Pues tu solo actúa y no te pares de la mesa
Se lo saco como un niño obediente, su pene solo se asomaba por el centro del cierre del pantalón. Se sentía un poco seco, así que me unte la mano de saliva y me dispuse a sobárselo.
Todos estaban concentrados en la orquesta, algunos familiares nos miraban y solo nos invitaban a pasar al frente. Yo solo sonreirá y con un gesto les decía que ahora, pero en realidad estaba concentrada en hacerle la paja a camilo por debajo de la mesa. Se lo apretaba duro y le hacía bastante fuerza, me gustaba ver como contenía su cara de sufrimiento.
- Otra vez, maldita sea, viene el mesero con nuestros cocteles. Pero no iba a soltarle el pene a Camilo, por un momento me imagine que era el mesero quien estaba allí sentado y que yo le hacia la paja.
Mi Vagina se estremeció, mientras se acercaba sentía como el corrientazo en mi clítoris era más fuerte, se me ponía más durito, hasta tal punto que mis muslos ya no los controlaba.
- Listo, aquí están los cocteles. Desean algo más?
Me quede en silencio, le apreté duro el pene a Camilo que tampoco decía nada. Mi vagina ya estaba en su punto. Miraba fijamente al mesero, clave mis unas en el pene de camilo y sentí como se me salía un chorrito de mi vagina. Con mi mano izquierda y sin decir nada tome rápidamente el coctel y me lo empecé a tomar mientras mi cuca palpitaba una y otra vez.
- No amigooo.. gracias, así esta bieeeen! Camilo respondió también rápidamente y tomo el otro coctel
Dios, me sentía mojada. Camilo miraba su coctel y su pene ahora estaba muy caliente. Si el mesero me hizo venir, entonces mi tarea será hacer venir a Camilo.
Me moví un poco de lado para poderle ver la cara, mientras ambos sosteníamos nuestros cocteles y empecé a masturbarlo más rápido, apretándole la cabeza del pene y subiendo duro. Cada vez que mis dos dedos pasaban por su cabecita, el daba un brinquito que me excitaba.
- Camí, quiero que manches este mantel y nos cambiemos de mesa. Llénalo de semen, bueno?
- Ay Manu, vamos al baño te lo meto
- No, quiero que te vengas en mi mano. Que dejes el mantel untado
Mire para todos lados, nadie nos veía, todos aplaudían, bailaban y enfocaban su mirada al escenario. Con mi mano izquierda me alce el vestido hasta un poco más arriba de los muslo, dejando un espacio que me permitiera darme dedo mientras le hacia la paja a Camilo.
Solo necesitaba poner mi dedo en el clítoris y sería cuestión de segundos venirme, lo toque. Mi mirada se fijó en el mesero que pasaba en ese momento, le di un pellizco a mi clítoris y sentí que salió un grito desde mi vagina que retumbo en mis pulmones. Con dos deditos lo presione y la cuca se me abrió. Abrí las piernas, como cuando una mujer va a dar a luz. Camilo sintió mis gemidos y su pene ahora se movía, lo apreté más duro.
- Échalo Camí, sácalo todo, yo también me voy a venir aq…. No alcance a terminar de hablar y un chorro salió de su pene disparado hacia la parte interior de la tabla de la mesa. Yo se lo apretaba más duro y su chorro seguía saliendo.
Mi vagina no se quedó atrás, al sentir que su semen espeso salía, ella soltó un chorro casi similar al de Camilo, pude sentirlo con mis dos deditos. Salió con tanta fuerza, como si fueran unas ganas de orinar contenidas. Mis ojos creo que se blanquearon pero pensar en delatarme me obligo a mantener la compostura, mis muslos ahora vibraban inconscientemente.
Camilo ya iba por su 4ta descarga de semen, dios, le salía demasiado. Dos últimas bombeadas con mi mano y le salía pero ya sin fuerza. Su semen se deslizaba por mi mano. Lo sentía muy espeso y caliente. Levante un poco el mantel para ver y allí estaba, su pene ahora a media dureza pero seguía saliendo semen, mi mano totalmente untada y la cara de Camilo pálida con los ojos rojos.
Cogí el mantel, me limpie la mano con el borde y el olor a semen y fluidos era inevitable.
- Sécate Camí, tenemos que cambiarnos de aquí.
Camilo no pronunciaba palabra. Se secó con el borde del mantel y mientras yo me ponía los tacones, me agache y pude ver el reguero debajo de la mesa. Era un espectáculo de manchas delicioso. Parecía como si ellos allá abajo se buscaran para hacer un solo charco.
Mientras me ponía los zapatos vi que alguien se acercaba y de repente
- Todo bien por acá?
Era el mesero. Maldito, solo escuchar su voz hacía que mi cuca se estremeciera.
- ¿Que tenía este tipo que hacía que mi vagina se dilatara de esa forma?
Me levante, lo mire como con cara de odiosa y respondí
- Si, todo bien, necesito que te agaches y vengas a limpiarme mi pancito con tu lengua aquí delante de todos…. Bueno.. en realidad la respuesta fue “si, todo bien” lo demás solo lo que pensé.
Con el tiempo los lugares públicos, los cocteles, los meseros y algunas situaciones en especial, empezaron a llamarme la atención. Así fue como descubrí que este era mi fetiche y se llamaba dogging, pero mi mente me traicionaba en sueños con el mesero, hasta que por fin un día supe el nombre de la empresa que lo contrato para el evento.
Pero esa ya es otra historia
Lo que me gusta de mis escritos es que cada vez que los leo mi mente vuelve al mismo lugar y de nuevo mi cuerpo se estremece. Debo parar, creo que ya saben lo mal que me pone y ahora mi mente esta concentrada en poder narrar un día de dogging mientras llovía.